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Vecinos de Alcorcón llevan dos años con un burdel en su portal

Residentes de un edificio en Alcorcón denuncian la actividad de un prostíbulo que opera bajo la fachada de masajes. Piden ayuda al Ayuntamiento.

La pesadilla diaria de unos vecinos: dos años conviviendo con un burdel en su escalera

En pleno corazón de Alcorcón, un grupo de vecinos vive desde hace más de dos años una situación que parece sacada de una película de suspense. En su propio edificio, en uno de los portales habituales donde entran y salen cada día, funciona un prostíbulo disfrazado de centro de masajes. Lo que debería ser un espacio de tranquilidad y convivencia se ha convertido, para muchos de ellos, en un infierno cotidiano.

Un tráfico constante de clientes

Los residentes aseguran que el trasiego de personas por el rellano es continuo. Cada vez que bajan o suben por las escaleras, es habitual encontrarse con hombres que entran y salen de una vivienda del bloque sin mostrar interés alguno por interactuar con los vecinos. Ese comportamiento repetitivo, sumado a ruidos fuertes, discusiones e incluso peleas en mitad de la noche, ha generado un clima de tensión constante en el edificio.

"Es el pan nuestro de cada día", confiesan varios afectados, refiriéndose al flujo incesante de clientes. Algunos relatan momentos incómodos al coincidir con estos hombres en espacios reducidos como los ascensores o rellanos, lo que genera sensación de inseguridad, especialmente entre mujeres y personas mayores.

Denuncias, carteles y fotos: la lucha de los vecinos

Frente a la impotencia, los vecinos han tomado medidas por su cuenta. Han presentado ya cuatro denuncias oficiales por hechos como intimidaciones, daños en zonas comunes y altercados. Además, han colgado carteles en la entrada del edificio con mensajes directos para desalentar a posibles clientes. Algunos incluso toman fotografías de las personas que entran y salen del piso sospechoso y las cuelgan en el portal, en un intento de visibilizar el problema y generar presión social.

Sin embargo, estas acciones no han conseguido cerrar el local ilegal. Aunque la Policía ha acudido en varias ocasiones, tras cada intervención el lugar permanece cerrado solo unas horas. Al día siguiente, todo vuelve a la normalidad: puertas abiertas, luces encendidas y clientes entrando como si nada hubiera pasado.

Pocas respuestas, mucha frustración

El malestar también va dirigido hacia las instituciones. Los vecinos afirman que, a pesar de haber elevado sus quejas, nadie del Ayuntamiento de Alcorcón se ha puesto en contacto con ellos. Mientras tanto, desde el consistorio madrileño (al que compete por jurisdicción) indican que el caso está siendo tratado, aunque por razones de seguridad no pueden ofrecer detalles ni declaraciones públicas.

Para los afectados, esta falta de comunicación se siente como abandono. "No pedimos milagros, solo un poco de empatía y algo de información", reclaman. Quieren saber qué pasos se están dando, si hay algún procedimiento legal en marcha, o si existe alguna posibilidad real de que la situación cambie.

Lo que empezó como una molestia se ha convertido en un problema de salud vecinal, seguridad y convivencia. Mientras tanto, los vecinos siguen subiendo y bajando por esa escalera, compartiendo techo con una actividad que les incomoda, les preocupa y les agota. En Alcorcón, muchas veces hablamos de mejoras urbanas, parques o servicios, pero también es necesario hablar de quienes viven en primera persona situaciones como esta, a la espera de una respuesta firme y efectiva.